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Mesopotamia

Nos referimos aquí al área histórica denominada Antiguo Oriente, la Mesopotamia comprendida entre los ríos Tigris y Eúfrates, el actual cercano oriente. Desde el IV milenio a.c., se vio enriquecido por un abanico de diferentes y diversas culturas, que a través de miles de años cimentaron su cultura y su vida junto a diversas creencias mitológicas, de acuerdo a las cuales trataban de explicar la aparición del hombre y la creación de todas las cosas. Desde los sumeros, akadios, asirios, babilonios hasta los persas, cada una de estas culturas fue enriqueciendo su mundo divino y alimentando las fantasías de sus pobladores.

Los primeros textos de carácter religioso que se encontraron de esa época, nos dan a conocer acerca de las características y la estructura del politeísmo mesopotámico.

El mundo divino se convierte en una serie de explicaciones con carácter mitológico sobre la organización del mundo actual.

En el IV milenio la cultura sumeria aportó mediante inscripciones cuneiformes los primeros documentos escritos de la historia humana, textos estampados sobre tablillas de arcilla cocida, eran de índole religiosa y mítica, que se basaban en una cosmogonía de dioses creadores del mundo y de los hombres, pero que se asemejaban a los hombres.

Cada ciudad estaba regida por una deidad protectora en particular, sus principales dioses eran: Anu (el dios del cielo), Enlil ( el dios de la tempestad) y Enki (señor de los magos, también llamado Ea y padre de Marduk).
Los sumeros proporcionaron gran cantidad de literatura que luego aprovecharon los asirios y babilonios, especialmente su mitología y religión. El sumero se convirtió en la lengua oficial del clero. En Sumer se creó un sofisticado sistema de astronomía y de astrología así como un extenso y exquisito ritual religioso, enriquecido por la magia ancestral. Así se hallaron la primera creación épica, el primer exorcismo, los primeros rituales de invocación de deidades planetarias, tanto buenas como malignas

En la antigua Sumeria, el mundo subterráneo era conocido con el nombre de Absu o abismo, allí residían toda clase de seres aberrantes como los yezidis o demonios.

El agua es el elemento primordial de la creación en la mitología mesopotámica y de la fusión del agua dulce (apsú) con el agua salada (Tiamat, también la gran serpiente del abismo), nacieron todos los seres, incluso los dioses.

Así de Bell (otro dios creador) aparece la luz que matará a los monstruosos hijos del caos, para que el orden reine, y con su sangre y la de otros dioses inferiores mezclada con la tierra se crean las almas de los hombres y de los animales. Con la materia disuelta en el caos se crean los cuerpos celestes y terrestres.

Los dioses representan las fuerzas creadoras y soberanas de la naturaleza, así las representaban al principio (sol- luna), luego tomaron forma de animales y por último forma humana como Marduk. Se diferenciaban de los humanos por su estatura y por ser inmortales, pero poseían las mismas necesidades y pasiones que ellos.

La humanidad era obra divina y el hombre era creación de los dioses, así tanto la felicidad como la desdicha provenían de ellos, les enviaban enfermedades a los hombres y a su vez le enseñaban a curarlas.

El principal mito del mundo antiguo es “La epopeya de Gilgamesh”,  que fue elaborada en el período sumerio y luego redefinida para la lengua akadia. Este mito cuenta que, Gilgamesh era un rey que buscaba la inmortalidad y en su recorrido llega hasta la isla de los ancestros donde debe pasar allí 7 días con 7 noches, se dice que va acompañado de su amigo Enkidú y 50 hombres, allí sorteará toda clase de adversidades y vencerá al monstruo Humawa o Huwawa. Pero a pesar de que cumple con todo los dioses le niegan la inmortalidad, pero a cambio le otorgan gloria y poder.
Otras culturas toman este relato y lo mitifican a su manera, como los griegos lo hacen contando el relato de Orfeo y Eurídice, o los tártaros con su héroe Kubaico el cual desciende a los infiernos para buscar la cabeza de su hermano y regresa con el agua de resurrección.

Todo esto indica un patrimonio arcaico común a muchos pueblos los cuales se expresan tanto en relatos bíblicos o leyendas tanto hindúes, como escandinavas y bretonas.

Tratan de buscar una justificación mítica del mundo en sus formas actuales. Sitúan la figura de un dios o héroe fundador en el origen de los aspectos físicos y culturales de la vida actual. Por ello la primera organización del mundo se sitúa en un pasado remoto y se atribuye a un dios supremo, y otros aspectos y creaciones se le atribuyen a otras divinidades menores que siguen funcionando en otros sectores. Héroes o reyes... esto sólo se puede hallar en la distinción entre naturaleza y cultura.

Así a los dioses le correspondería la fundación de los hechos naturales y a los hombres la fundación de las instituciones sociales.

En la epopeya de Gilgamesh se plantea la inmortalidad del rey cuando aparece la costumbre de divinizar al rey.

Los mitos mesopotámicos nos dicen como se empezó a organizar la sociedad de esa época, cómo eran sus reyes y cómo vivía el pueblo.

También se puede contar otro mito que se inició aquí y luego fue retomado por otras culturas del mundo, es el tema del diluvio universal, y cuenta que un día los dioses resolvieron destruir a la humanidad, para crear otra mejor, para ello se reunieron a orillas del río Éufrates y concertaron en anegar la tierra por medio de un diluvio. Enki se apiadó de esto y se lo contó a un cerco de cañas que a su vez, se lo contó a un habitante del lugar llamado Utanapishtim, el cual decidió construir un navío inmenso en el cual cargó a su familia, riquezas y toda clase de animales. Cuando hubo llegado el día, el jefe de las tinieblas abrió las cataratas del cielo y los abismos de la tierra y comenzó el diluvio. Durante 6 días y 6 noches corrió agua por doquier, al final de ellos el viento se calmó y el agua dejó de caer, pero la humanidad había quedado reducida a lodo. El navío se detuvo en la cima del monte Nisir que era lo único que emergía de las aguas. Soltó una paloma y una golondrina, pero regresaron, al tiempo soltó un cuervo y no regresó, entonces Utanapishtim salió con su familia, soltó a los animales y ofreció un sacrificio a los dioses en agradecimiento.

Es sencillo observar que este relato es igual al que aparece en la Biblia, con la historia de Noé. La similitud es asombrosa, con este ejemplo y podríamos dar muchos más, nos damos cuenta que los mitos y relatos se repiten a lo largo de la historia, sólo le ponen otros nombres o cambian a sus protagonistas, para explicar ciertos fenómenos que ellos no se pueden explicar y buscan eso por otros medios.

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